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Classical music and opera by Classissima

Wolfgang Amadeus Mozart

Thursday, August 17, 2017


parterre box

August 3

Three sisters who are not sisters

parterre boxDue to bandwidth limits “Trove Thursday” must post some more modest offerings in months with five Thursdays. As in the past here are three short works—this time all for soprano. The perverse (?) line-up includes Elly Ameling angelically exalting Mozart’s Exsultate, jubilate; Marisa Galvany barnstorming through Beethoven’s Ah! Perfido; and Eva-Maria Westbroek navigating uncharted American waters with Barber’s Knoxville: Summer of 1915. A celebrated lieder- and concert-singer, Ameling performed almost no opera. She did participate in the Dorati Haydn opera series on Philips and recorded some arias but sang only one role on stage–Ilia in Idomeneo. Accompanying her in today’s live Mozart is her countryman Bernard Haitink still active at the age of 88 having led the Chamber Orchestra of Europe in a concert at the BBC Proms just last week. Mozart: Exsultate, jubilate Concertgebouw, Amsterdam 8 November 1969 Broadcast Elly Ameling Netherlands Radio Philharmonic Orchestra Conductor: Bernard Haitink Barber’s lovely setting of a passage from James Agee’s A Death in the Family has been embraced almost exclusively by American sopranos—from Eleanor Steber who premiered it in 1948 to Leontyne Price, Judith Raskin, Dawn Upshaw, Sylvia McNair, Kathleen Battle, Renée Fleming, etc., although a few Canadians have also gotten into the act. I wouldn’t have predicted Westbroek might gravitate to it and it’s an unusual performance. Her Barber shared the concert with Berlioz’s Les Nuits d’été! Barber: Knoxville, Summer of 1915 Concertgebouw, Amsterdam 20 June 2015 Broadcast Eva-Maria Westbroek Amsterdam Sinfonietta Conductor: Candida Thompson It’s become a common place to claim that Singer X or Y who was taken for granted in the recent past would be a big star today, many might make that assertion about Galvany. The reckless flair of her singing is probably not to everyone’s liking but it must have been extremely exciting in the theater. Her flamboyance and habit of tossing in interpolated high notes not usually heard from a voice like hers earned her a minor cult reputation. A great friend of mine has known Galvany (no relation to Maria) for decades dating back to her Paterson, NJ days. He heard her many many times and still keeps in touch with her. He has suggested to me that New York Times critic Harold Schoenberg’s antipathy toward Galvany hurt her local career although she did sing quite a number of roles at New York City Opera in the 70s and 80s. Nearly always though she appeared in the second or third cast. For instance City Opera’s productions of Nabucco and Medea premiered with Grace Bumbry although some preferred Galvany. //www.youtube.com/watch?v=fYm7agLWMco I only recently learned she also sang unexpected roles like Gilda and Violetta there. Apparently neither Beverly Sills nor Julius Rudel were big fans which might have also played a part in her erratic career at City Opera. Her relationship with the Met was very odd—many know of her last-minute debut replacing Shirley Verrett on the first night of the 1979 Norma revival. Despite having saved the day, she didn’t return until six years later and only then for the national tour during which she did several performances of Gertrude in Hansel and one Ortrud! A couple of Kostelnickas in Jenufa later that year was it for her. She appeared in Macbeth and Salome at the Cincinnati Opera in the 1980s; I regret not having seen her but I was off local performances at the time. Perhaps Galvany was not greatly ambitious as she didn’t sing that much internationally nor in other big US theaters. Or perhaps her idiosyncratic voice and style just weren’t appealing to many opera companies of the time. I love this Beethoven scena and her ballsy approach may not be the most elegant but it’s stirringly persuasive despite a mediocre orchestra. I just may need to root around further in my friend’s extensive Galvany pirate cache. Beethoven: Ah! Perfido Des Moines Symphony 20 November 1971 In house recording Marisa Galvany Conductor ? This week’s weird troika can be downloaded by clicking on the icons of a square with an arrow pointing downward on the audio player above and the resulting mp3 files will appear in your download directory. More than 80 “Trove Thursday” podcasts remain available from iTunes–for free, https://itunes.apple.com/us/podcast/trove-thursday/id1039652739 or via any RSS reader. http://parterre.com/podcast/trovethursday.rss

Tribuna musical

August 14

Festival Barenboim: Segunda Parte

El tercer concierto del Festival presentó al Trío formado por Daniel Barenboim (piano), Michael Barenboim (violín) y Kian Soltani (cello) en tres tríos de Beethoven: N1, Op.1 Nº1; Nº4, Op.70 Nº 1. "de los Espíritus" ("Geister"); y Nº6, Op. 97, "Archiduque". El programa de mano tuvo curiosos errores: a) no aclaró si había intervalo (no marcaba Primera y Segunda Parte), pero por supuesto lo hubo; b) no es un error pero no tiene sentido poner en el título Músicos de la WEDO; c) No hubo comentarios sobre las obras; d) el sobrenombre alemán del Nº4 es "Geister", "espíritus" o "de los espíritus", no "Geist" ("Espíritu"), como figuraba; e) y conviene ponerle número a los tríos.               Daniel Barenboim especificó en la conferencia de prensa que habían decidido que este trío sea estable. Y esto lleva a un viejo problema de los tríos para piano y cuerdas, y es que el pianista casi siempre queda como "primus inter pares", como ciertamente ocurrió con los famosos tríos Beaux Arts (Menahem Pressler) o de Trieste (Dario de Rosa). Sin embargo, hubo tríos con integrantes parejos y admirables: Cortot-Thibaud-Casals; Rubinstein-Heifetz-Feuermann; Istomin-Stern-Rose. Para que ello ocurra se necesita que los ejecutantes de cuerda tengan un sonido amplio y poderoso y una fuerte personalidad para poder equipararse con el mayor volumen del piano, sobre todo si es un artista de la envergadura de Daniel Barenboim. Y aquí esto no ocurre. El problema se nota menos en Soltani, un profesional de muy buen nivel, con grato timbre y fraseo musical, pero que en los pasajes forte o fortissimo quedó dominado por el piano. Pero Michael Barenboim, siendo correcto y de buen gusto, no tiene la presencia requerida para tomar el mando cuando la música lo requiere ni la intensidad para aquellos momentos donde Beethoven exige mucho.  Y sin embargo, el total fue mejor que la suma de las partes, porque las interpretaciones estuvieron claramente dominadas por las ideas del pianista, consumado beethoveniano como bien lo hemos experimentado aquí. Foto: facebook.com/PorSiempreColoneros             Daniel Barenboim dijo algo más en la conferencia de prensa: que iban a ejecutar la integral de Beethoven en Europa, y allí harían algo que me parece audaz: combinarlos con tríos de contemporáneos.  Y los mencionó: Borovsky, Alexander Goehr, Aribert Reimann.             El Op.1 Nº1 no es el mejor de de los tres de ese opus, escritos entre 1793 y 1795, ya en la etapa vienesa de Beethoven. Pero el compositor ya en sus muy tempranos tres cuartetos para piano y cuerdas de 1785 cuando vivía en Bonn (se discute si éstos o los dos de Mozart son los primeros escritos en la historia para esa combinación) había mostrado gérmenes de su particular estilo, y en el ínterin hubo varias otras piezas de cámara sin número de opus, incluso un Trío para piano y cuerdas, un duo y un octeto. De modo que vale la pena escuchar ese Op.1 Nº1 por sus propios valores, ya considerables, y en una versión que tuvo el necesario transparente clasicismo.             Por supuesto, hay una enorme diferencia con el Op.70 Nº1 de 1808, en pleno período intermedio marcado por obras como los cuartetos Rasumovsky o la Quinta sinfonía;  es una obra maestra en la que un extenso movimiento lento lleno de sombras y misterio (los espíritus) es encuadrado por dos rápidos de inmensa vitalidad. Estuvo en el pianista toda la garra requerida en los dos extremos y la sutileza tímbrica para el intermedio; intentaron seguirlo con buen pero no óptimo resultado los instrumentistas de cuerda.             Y naturalmente, el extenso Trío Nº6, "Archiduque", es la culminación de la escritura beethoveniana en este equilibrio de instrumentos opuestos. Algo posterior (1811), y precedido por los cuartetos Nos.10 y 11, la maestría es total. El fraseo del pianista fue desde el principio el que debía ser, con ortodoxia bien entendida, firme estructura, matices exactos y articulación límpida. Sus compañeros fueron muy aplicados pero fue demasiado claro quién mandaba.             Y esta vez Daniel Barenboim tenía las obras bien en dedos, sin las vacilaciones que hubo cuando tocó el Trío de Tchaikovsky tiempo atrás. Es que incluso un gran maestro como él no debe confiarse demasiado, el trabajo es siempre necesario.             No hubo pieza agregada y estoy de acuerdo: fue un programa extenso y arduo. No me molestó que bajara la tapa del piano tras saludar al público durante varios minutos.                                                CUARTO CONCIERTO             El último programa reunió dos partituras extraordinarias escritas con pocos años de diferencia: "Don Quijote" de Richard Strauss (1897) y la Quinta sinfonía de Tchaikovsky (1888). Las dos están entre las obras cumbres del postromanticismo. Se ofreció esta combinación con la Orquesta WEDO dirigida por Barenboim tres veces: como cuarta función del Abono Barenboim y en días consecutivos para los dos abonos del Mozarteum Argentino. Elegí la última función como homenaje mío a la institución que trajo de vuelta al artista hace varias décadas y nunca ha dejado de tenerlo en sus abonos en las numerosas veces que vino desde entonces.             Décadas atrás escribí un muy detallado artículo para Ars, esas revistas-libro que Isidor Schlagman editó durante fructíferos años sobre determinados grandes creadores, en este caso Strauss; yo me ocupé de los poemas sinfónicos y no me cupo duda de que fue la figura máxima en este género que había inventado Franz Liszt con una profusa y despareja producción aún mal conocida aquí (ello debería repararse) y que otros como Sibelius o el propio Tchaikovsky también ilustraron. Ya desde "Don Juan" (1888, creado a los 24 años) el dominio de Strauss de lo narrativo y de la orquestación fue asombroso, y siguieron maravillas como "Muerte y Transfiguración", "Las alegres travesuras de Till" y "Así habló Zarathustra" antes de "Don Quijote" y "Una vida de héroe". O sea que antes de ser el más importante operista alemán del siglo XX fue el más gran compositor sinfónico de esa nacionalidad en las postrimerías del XIX.              "Don Quijote", la maravilla de Cervantes, fue leída en alemán por Strauss, y el compositor fue influenciado por las sabrosas caricaturas de Daumier.  Pensando no sólo en la narración sino en la estructura, el músico agregó: "Variaciones fantásticas sobre un tema de carácter caballeresco". Y así, la obra consta de Introducción, tema, diez Variaciones y Final. Dura  unos 45 minutos y son una constante revelación analizando una partitura de enorme riqueza y complejidad. Don Quijote (violoncelo solista), Sancho Panza (viola solista, pero también tuba tenor y clarinete bajo combinados) y brevemente Dulcinea (violín solista) se entremezclan con una orquesta poderosa y variadísima. La manera en la que Strauss refleja la pérdida de la razón de su antihéroe en la Introducción es la de una frondosa trama de contradicciones; luego el noble tema del violoncelo nos da la esencia del personaje; y las variaciones son de un ingenio y una audacia inolvidables: basten la evocación del rebaño de ovejas en la segunda variación, que parece el Penderecki vanguardista, o el viaje por los aires en la séptima (con máquina de viento). Aunque también están los minutos de belleza serena en la tercera y sexta. Y luego el retorno a la razón en el Final y los conmovedores acentos del violoncelo antes de la muerte del Quijote. Foto: facebook.com/PorSiempreColoneros             Una pequeña anécdota personal: cuando en 1973 programé el abono de la Filarmónica vino Leonard Rose y le pregunté si aceptaba en vez de un  concierto ser solista en "Don Quijote"; respondió entusiasmado que sí, pero el director no conocía la obra y luego canceló por enfermedad; con poco tiempo fue reemplazado por Tauriello, que no la tenía en repertorio, y terminaron ofreciendo una notable versión del concierto de Dvorák…             Quiso la casualidad que "Don Quijote" fue presentado por el Mozarteum el año pasado por la Filarmónica de Hamburgo dirigida por Kent Nagano y con el admirable Gautier Capuçon como solista. Me las veo en figurillas para decidirme por esa versión o la más reciente y declaro un empate de muy alto nivel, ya que hubo dos grandes directores, muy buenas orquestas y solistas de notable talento. Fue un constante placer con momentos memorables, y de paso quedó claro que Soltani es ya un solista internacional de primer plano con un sonido de gran belleza y una sensibilidad en el fraseo que nos dio el personaje. También, que la violista Miriam Manasherov es de muy alta calidad.  Curiosamente se dio una pieza extra: un arreglo para violoncelo y cuerdas realizado por Lahav Shaní de "El cisne" de Saint-Saëns (de "El Carnaval de los animales").  Otra ocasión para que Soltani (austríaco de familia persa) despliegue su habilidad para el "cantabile".             Pocas sinfonías son tan justamente famosas como la Quinta de Tchaikovsky en su fusión ideal de temperamento hiperromántico y de consumado dominio compositivo; en ella el temperamento melancólico es finalmente vencido por la voluntad positiva, a diferencia de lo que ocurre en una obra todavía superior, la Sexta, "Patética". Se han escuchado versiones de calidad superlativa en nuestra ciudad, como las de Mehta con la Filarmónica de Israel, una orquesta permanente de gran nivel, pero Barenboim logró de la WEDO un  rendimiento extraordinario, apenas opacado por muy circunstanciales errores. Pensando en el director que uno asocia con estructuras gigantescas como las sinfonías de Bruckner o el que logra dilucidar obras de Berg o Boulez, me asombró su afinidad con una personalidad tan hipersensible como la de Tchaikovsky, pero Barenboim demostró que todo lo que hay que hacer es ser fiel a la partitura sin agregar exageraciones a lo que ya de por sí está al rojo vivo. De ese modo la estructura queda resaltada y se comprende porqué Tchaikovsky fue un gran sinfonista.             No está de más comentar que la gestualidad de Barenboim es muy particular: hace muy altos movimientos para dar entradas, en pasajes que tienen una métrica similar apenas marca el compás tras hacerlo al principio del fragmento, y tiene una infalible percepción de cuáles son los momentos que  necesitan de una energía total. En cuanto a la WEDO merece mencionarse la intensidad de los violines en el temible final y el bello sonido de la primera trompa en su famosa melodía del movimiento lento. Y vale felicitarlos por llegar al final de su visita tan espontáneos y entusiastas tras días de arduo trabajo.             La pieza extra en esta ocasión fue la Polonesa del "Eugen Onegin" de Tchaikovsky, en una espléndida versión (habían tocado el día anterior la obertura de "Ruslan y Ludmila" de Glinka). Lástima que cuando el director se dirigió al público deslució su justo homenaje al Mozarteum con una despectiva alusión al Coliseo comparándolo con el Colón, ello después de decir que siempre se iban tristes por tener que dejar al mejor teatro del mundo. Pero  conviene decir que este festival fue realmente bueno, y me intriga mucho el de 2018 sin Argerich cuando todo será Barenboim y su orquesta berlinesa y por primera vez estará en el foso para dirigir una ópera. Pablo Bardin ​​




The Well-Tempered Ear

August 14

Classical music: The Ear listens with eyes open and finds interesting photos at concerts

By Jacob Stockinger It was the famous 20th-century composer and pioneering modernist Igor Stravinsky (below) who advised us to listen to music with our eyes open. For one, it fosters our appreciation of the sheer physicality of making music. Musicians are, as the pianist Vladimir Horowitz once observed, athletes of the small muscles. If you listen with your eyes open you can see a lot of things. You can see how musicians give each other cues. You can see the expression on their faces, the joy and pleasure that making music gives them. You can observe how different members of the audience react differently to different music. You can appreciate the many kinds of instruments with the eye-catching shapes, sizes and colors. And you can see patterns that make for good photographs – if taking photos is allowed. Of course even if it is, there are rules to follow so that the musicians and other audience members are not disturbed: no flash and no shutter sound are the main ones besides the rule of intellectual property and the forbidding of taking photographs – kind of a difficult one to enforce these days, what with all the smart phones out there. But some musicians and groups are very friendly and open to photographing, especially if the photos are strictly personal and not for commercial use to earn a profit. At the last regular concert this summer by the Willy Street Chamber players a little over two weeks ago, The Ear found two that showed patterns for good composition. It’s just fun. But productive fun that can capture the fascination with music and musicians, especially if you sit close to the performers. Here they are. First is “Three Clarinets ,” a portrait of guest artist Michael Maccaferri, from the Grammy-winning chamber music group eighth blackbird, with the three clarinets he used in the Argentinian-Jewish composer Osvaldo Golijov ’s “The Dreams and Prayers of Isaac the Blind.” The black verticality of the clarinets is heightened by the same quality of the music stands . The second is “Two Cellos and One Violin,” taken during the bows after the string sextet version of Mozart ’s “Sinfonia Concertante.” The shares and shades of brown woods draw the eye. Tell The Ear of you like this kind of photo essay and want to see more of them on the blog. The Ear wants to hear. Tagged: Argentinian , Arts , athlete , audience , blind , brown , Business , Cello , Chamber music , Classical music , color , commercial , composer , Composition , concerto , cue , different , dream , Dreams and Prayers of Isaac the Blind , eighth blackbird , essay , expression , face , flash , Grammy , instruments , intellectual property , Jacob Stockinger , Jew , Jewish , Madison , Michael Maccaferri , modern , modernism , Mozart , muscle , Music , musicians , Osvaldo Golijov , pattern , photo , photography , Piano , pioneer , prayer , profit , reaction , shade , shape , shutter , Sinfonia Concertante , smart phone , Sound , United States , University of Wisconsin-Madison School of Music , University of Wisconsin–Madison , verticality , Viola , Violin , Vladimir Horowitz , Willy Street Chamber Players , Wisconsin , Wolfgang Amadeus Mozart , wood , YouTube



The Well-Tempered Ear

August 12

Classical music: Why do we love Chopin? Ask pianist Jeremy Denk

By Jacob Stockinger I can’t think of anyone who doesn’t like playing or hearing the music of Chopin (below). Can you? But just why the 19th-century Romantic composer has such universal appeal is hard to explain. One of the best explanations The Ear has read came recently from pianist Jeremy Denk , whose essay on “Chopin as a cat” appeared in The New York Times . Denk, who has performed two outstanding solo recitals in Madison, is clearly an important musical thinker as well as a great performer. You can also see that at once if you read his excellent blog “Think Denk.” The Ear suspects the current essay grew out of some remarks that Denk gave during a lecture on Chopin’s pedaling at the UW-Madison , and will be incorporated into the book he is working on that includes his previous acclaimed essays in The New Yorker magazine . Denk (below), who has lately been performing an intriguing survey concert that covers 600 years of music, thinks that Chopin’s uniqueness resides in how he consolidated and fused both conservative values and radical, even modern, innovations. To the Ear, it is the best modern analysis of Chopin that he has read since the major treatment that the acclaimed pianist-musicologist Charles Rosen wrote about the Polish “poet of the piano” in his terrific book “The Romantic Generation .” Moreover, the online web version of Denk’s essay is much more substantial and satisfying than the newspaper print edition. It has not only audio-visual performances of important Chopin works by major artists such as Arthur Rubinstein and Krystian Zimerman, it also suggests, analyzes and praises some “old-fashioned” historical recordings of Chopin by Ignaz Friedman , Alfred Cortot and Josef Hoffmann . Now if only Jeremy Denk would record an album of Chopin himself! Here is a link to the Chopin essay: https://www.nytimes.com/2017/08/04/arts/music/jeremy-denk-chopin.html Enjoy! Please listen to the wonderful clips that Denk suggests. Then tell us what pieces are your favorite Chopin works, big or small, and what performers are your favorite Chopin interpreters. The Ear wants to hear. Tagged: Alfred Cortot , analysis , Arthur Rubinstein , Arts , Bach , Ballade , barcarolle , Baroque , Beethoven , big , blog , cat , Chamber music , Charles Rosen , Chopin , Classical music , Compact Disc , composer , conservative , consolidate , essay , explanation , feline , Franz Schubert , fuse , harmony , hear , historic , Ignaz Friedman , important , innovation , interpreter , Jacob Stockinger , Jeremy Denk , Johannes Brahms , Josef Hofmann , Krystian Zimerman , lecture , Love , magazine , major , Martha Argerich , melody , modern , Music , musicologist , New York Times , Newspaper , online , pedal , pedaling , Piano , play , poet , Polish , Prelude , print , radical , read , record , recording , Romantic , small , SoundCloud , survey , The New York Times , The New Yorker , think , Think Denk , United States , University of Wisconsin-Madison School of Music , University of Wisconsin–Madison , values , web , Wisconsin , Wisconsin Union Theater , Wolfgang Amadeus Mozart , YouTube

Wolfgang Amadeus Mozart
(1756 – 1791)

Wolfgang Amadeus Mozart (27 January 1756 - 5 December 1791), was a prolific and influential composer of the Classical era. Mozart composed over 600 works, many acknowledged as pinnacles of symphonic, concertante, chamber, piano, operatic, and choral music. He is among the most enduringly popular of classical composers. Mozart showed prodigious ability from his earliest childhood in Salzburg. Already competent on keyboard and violin, he composed from the age of five and performed before European royalty. At 17, he was engaged as a court musician in Salzburg, but grew restless and travelled in search of a better position, always composing abundantly. While visiting Vienna in 1781, he was dismissed from his Salzburg position. He chose to stay in the capital, where he achieved fame but little financial security. During his final years in Vienna, he composed many of his best-known symphonies, concertos, and operas, and portions of the Requiem, which was largely unfinished at the time of Mozart's death. The circumstances of his early death have been much mythologized. He was survived by his wife Constanze and two sons. Mozart learned voraciously from others, and developed a brilliance and maturity of style that encompassed the light and graceful along with the dark and passionate. His influence on subsequent Western art music is profound. Beethoven wrote his own early compositions in the shadow of Mozart, of whom Joseph Haydn wrote that "posterity will not see such a talent again in 100 years."



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